Miami, viernes 26 de diciembre de 2025. Las vacaciones y las fiestas de fin de año suelen estar asociadas al descanso, los encuentros sociales y una agenda menos estructurada. Sin embargo, también son una de las etapas del año donde el sedentarismo aumenta, los hábitos se relajan y el cuerpo empieza a sentir el impacto. Lejos de ser un obstáculo, este período puede convertirse en una oportunidad ideal para reconectar con el movimiento y cuidar la salud de forma consciente.
El ejercicio no tiene que ser visto como una obligación ni como una forma de “compensar excesos”, sino como una herramienta fundamental para mantener el bienestar físico y mental. Durante las fiestas, moverse es una manera de acompañar al cuerpo en un contexto de cambios en la alimentación, los horarios y el descanso.
Menos rutina, más creatividad
La falta de horarios laborales estrictos permite explorar nuevas formas de actividad física. Caminar al aire libre, nadar, andar en bicicleta, practicar yoga o simplemente bailar son opciones accesibles que aportan beneficios reales. No es necesario cumplir con entrenamientos largos o intensos; 20 o 30 minutos diarios de movimiento pueden mejorar la circulación, favorecer la digestión y aumentar los niveles de energía.
Un gran aliado del metabolismo
Mantenerse activo ayuda a regular el metabolismo, controlar los niveles de azúcar en sangre y reducir la inflamación, factores especialmente importantes cuando se incrementa el consumo de alimentos y bebidas. El ejercicio también estimula la función intestinal y previene la sensación de pesadez tan común en esta época.
Beneficios que van más allá del cuerpo
El impacto positivo del ejercicio no es solo físico. La actividad física regular reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y favorece la calidad del sueño, tres aspectos que suelen verse alterados durante las fiestas. Además, el movimiento libera endorfinas, conocidas como las “hormonas del bienestar”, que contribuyen a una sensación general de equilibrio emocional.
Actividad física en familia y en grupo
Las vacaciones son una excelente ocasión para integrar el ejercicio a la vida social. Salidas a caminar, juegos al aire libre, deportes recreativos o incluso coreografías improvisadas en casa fortalecen los vínculos y promueven hábitos saludables, especialmente en niños y adolescentes. Convertir el movimiento en una actividad compartida aumenta la motivación y reduce la sensación de esfuerzo.
Escuchar al cuerpo y respetar los límites
Es importante adaptar la actividad física al estado físico de cada persona. Quienes retoman el ejercicio después de un período de inactividad deben hacerlo de forma progresiva, priorizando la constancia por sobre la intensidad. El objetivo es sentirse mejor, no agotarse.
Empezar el año con ventaja
Mantener el hábito del ejercicio durante las fiestas permite iniciar el nuevo año con una base sólida de bienestar. Lejos de postergar el cuidado personal para “después de las vacaciones”, integrar el movimiento en esta etapa envía un mensaje claro: la salud no se toma descanso.
En definitiva, moverse también es una forma de celebrar. En tiempos de festejos, el ejercicio se convierte en un aliado silencioso que protege el cuerpo, equilibra la mente y acompaña cada momento con más energía y vitalidad.
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