Miami, FL, jueves 14 de mayo de 2026.
El alcohol puede sentirse profundamente arraigado en nuestras vidas. Una cerveza o una copa de vino mientras nos ponemos al día con los amigos. Un cóctel al final de un día difícil. Una ronda de brindis en una fiesta.
Resulta difícil creer que un comportamiento tan aparentemente inocente reduzca nuestra inmunidad ante las enfermedades infecciosas y aumente el riesgo de padecer cáncer y otras enfermedades crónicas; sin embargo, según la ciencia, así es.
“El alcohol es intrínsecamente tóxico. Utilizamos el alcohol para desinfectar; lo usamos para eliminar organismos. Por lo tanto, la pregunta es: ¿existe alguna cantidad que resulte segura?”, planteó el Dr. Andrew Freeman, director de prevención cardiovascular y bienestar en National Jewish Health, en Denver.
Un número creciente de estudios responde con un rotundo “no”.
De hecho, los datos más recientes revelan que el consumo de alcohol es directamente responsable de 62 trastornos diferentes, entre los que se incluyen las cardiopatías relacionadas con el alcohol, los trastornos psicóticos, la gastritis, las úlceras, la pancreatitis y la enfermedad del hígado graso, así como afecciones más conocidas, tales como el síndrome alcohólico fetal y la cirrosis hepática.
“Estas afecciones son 100 % atribuibles al alcohol; esto significa que dichas enfermedades ni siquiera existirían en el mundo de no ser por el consumo de alcohol”, afirmó Jürgen Rehm, científico sénior del Instituto de Investigación sobre Políticas de Salud Mental (Institute for Mental Health Policy Research) de Toronto. Rehm lleva realizando investigaciones sobre el alcohol desde 2003, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud y con científicos de Estados Unidos, Europa y el Reino Unido.
“Existen otras 30 enfermedades en las que el alcohol desempeña un papel, tales como el cáncer de mama y otros tipos de cáncer, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, la diabetes y la demencia”, señaló Rehm. “Estas enfermedades existirían incluso sin el consumo de alcohol; no obstante, el consumo de alcohol es responsable de una determinada proporción de los casos”.
La capacidad del cuerpo para combatir las infecciones también se ve afectada. Incluso una sola copa de alcohol daña el sistema inmunológico, reduciendo su capacidad para luchar contra los agentes invasores en un plazo de 20 minutos tras su consumo. El consumo crónico de alcohol puede afectar de forma permanente a células inmunes fundamentales.
Los perjuicios del alcohol para la salud son mayores en el caso de quienes beben en exceso a diario —señala Rehm—, pero existe un matiz: las investigaciones suelen definir el consumo excesivo como la ingesta de más de 40 gramos de alcohol puro al día para las mujeres y 60 gramos al día para los hombres. En términos prácticos, esto equivale a 1,4 onzas de licor para las mujeres (41,4 mililitros) y 2,1 onzas para los hombres (62.1 mililitros).
Basta con imaginar a su barman sirviendo una onza (o más) de licor en su cóctel favorito y… ¡voilà! Ese día podría estar usted camino de convertirse en un bebedor excesivo. Además, el alcohol no se limita únicamente a los licores fuertes: el vino tinto y blanco, la cerveza, la sidra, el hidromiel, el jerez, el oporto, el vermut y el sake contienen alcohol.
¿Cómo afectan exactamente esas bebidas a su longevidad?
“Nuestro equipo en el instituto ha desarrollado una aplicación gratuita que muestra cuántos minutos y días de vida se pierden con cada copa”, comentó Rehm. “También le mostrará cuántos minutos y días gana cuando deja de beber”. Verá, a pesar de todas las noticias aleccionadoras sobre los efectos del alcohol en su salud, hay un lado positivo. Muchas de las enfermedades atribuidas al alcohol pueden ralentizarse, detenerse e incluso revertirse si se toman medidas con la suficiente antelación. Esto es lo que la ciencia ha descubierto hasta ahora.
El alcohol y las enfermedades infecciosas
Si no eres consciente del impacto que tiene una bebida alcohólica en su capacidad para combatir infecciones como los resfriados, la gripe y el covid-19, es comprensible. Si bien el vínculo entre el alcohol y la neumonía se conoce desde 1785, el debate a gran escala sobre el impacto del alcohol en la inmunidad comenzó en la década de 1990.
El alcohol altera la capacidad del sistema inmunitario innato del cuerpo —aquel con el que se nace—, así como cualquier inmunidad adquirida que se haya desarrollado a partir de la exposición a otros patógenos. Basta una cantidad muy pequeña de alcohol para deprimir de inmediato la capacidad de glóbulos blancos clave —como los macrófagos, los neutrófilos y las células asesinas naturales (natural killer)— para combatir virus, infecciones bacterianas y células cancerosas.
Un solo episodio de consumo excesivo de alcohol (típicamente cuatro o más bebidas en unas pocas horas) puede alterar la respuesta inmunitaria durante 24 horas. Considerado durante mucho tiempo como un problema exclusivo de los adolescentes y los jóvenes en edad universitaria, el consumo excesivo de alcohol está en aumento en Estados Unidos, especialmente entre las mujeres mayores de 30 años y los adultos mayores de 65.
Afortunadamente, los efectos inmediatos del alcohol en el sistema inmunitario no duran mucho. Dependiendo de los niveles de consumo, el cuerpo se recupera en un plazo de unos días a una semana, señaló Rehm.
Sin embargo, el consumo crónico de alcohol puede atrofiar o destruir las células asesinas naturales y las células T —la fuerza de choque de élite del sistema inmunitario—, lo que conlleva una mayor vulnerabilidad a infecciones como la neumonía, el VIH y la tuberculosis. Si bien la abstinencia a largo plazo puede ser de ayuda, los expertos afirman que algunos deterioros podrían ser solo parcialmente reversibles, dependiendo de la duración y la cantidad de alcohol consumido. De hecho, los alcohólicos graves pueden llegar a sufrir inmunocompromiso.
El alcohol y el cáncer
El alcohol es la tercera causa prevenible de cáncer en Estados Unidos, después del tabaco y la obesidad, según el exdirector general de Sanidad de EE.UU. (la máxima autoridad en el área de salud), el Dr. Vivek Murthy. A principios de 2025, emitió una advertencia oficial en la que solicitaba la inclusión de una etiqueta de advertencia actualizada en las bebidas alcohólicas.
“El alcohol es una causa de cáncer bien establecida y prevenible, responsable de aproximadamente 100.000 casos de cáncer y 20.000 muertes por cáncer anualmente en Estados Unidos —una cifra superior a las 13.500 muertes anuales en accidentes de tráfico relacionados con el alcohol en el país—; sin embargo, la mayoría de los estadounidenses desconocen este riesgo”, afirmó Murthy en un comunicado.
Todos los tipos de alcohol contribuyen al cáncer al dañar el ADN y aumentar la inflamación crónica, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU. Para las mujeres, el riesgo principal es el cáncer de mama asociado al alcohol. El cáncer colorrectal es el tipo de cáncer relacionado con el alcohol que se asocia con mayor frecuencia en los hombres.
La abstinencia detendrá el avance de cualquier cáncer causado por el alcohol, pero no constituye una garantía, señaló Sinclair Carr, estudiante de doctorado en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard en Boston, quien está afiliada al Instituto de Métricas y Evaluación en Salud.
“El cáncer tarda años en desarrollarse. Por lo tanto, es posible que ya tenga cáncer en su organismo causado por el alcohol, y que aun así desarrolle la enfermedad después de dejar de beber”, explicó Carr. “Sin embargo, si no tiene cáncer en su organismo y deja de beber, elimina el riesgo futuro de padecer cualquier cáncer atribuible al alcohol”.
¿Se pregunta cuánto tiempo debe transcurrir para tener la certeza de que su historial de consumo regular de alcohol no ha contribuido al cáncer?
“Unos 30 años; el mismo plazo que para el tabaco”, respondió Rehm. “Si usted es un bebedor relativamente empedernido, puede plantearse la situación de la siguiente manera: una copa equivale a un cigarrillo. Impactante, ¿verdad?”.
Por supuesto, las causas del cáncer son multifacéticas. No obstante, en lo que respecta al alcohol, el cáncer es una enfermedad crónica en la que “dejar de beber puede tener resultados positivos, ya que gran parte del daño es reversible”, afirmó Rehm. “El problema radica en que la mayoría de las personas comienzan a plantearse dejar de beber cuando ya han superado, casi por completo, el punto en el que podrían experimentar los beneficios plenos de esa reversión”.
El alcohol y el daño cerebral
Solía decirse que el alcohol mata las células cerebrales; sin embargo, la ciencia actual ha descubierto que lo que hace es destruir las conexiones entre las neuronas, lo que provoca una contracción cerebral, especialmente en las áreas responsables de la memoria y la toma de decisiones.
Uno de los estudios más extensos realizados hasta la fecha reveló que el consumo de tres bebidas a la semana aumentaba el riesgo de padecer demencia en un 15 % en comparación con el consumo de una sola bebida semanal. No obstante, el daño cerebral causado por el alcohol es parcialmente reversible, dependiendo de si la agresión al cerebro es aguda o crónica.
“Los estudios de imagen sugieren que la atrofia cerebral —la contracción del tejido cerebral— puede recuperarse parcialmente en un plazo de semanas a meses tras dejar de beber; a menudo, los cambios medibles comienzan a manifestarse en las primeras semanas”, afirmó Carr. “Las funciones cognitivas, tales como la atención, la función ejecutiva y la memoria, también pueden mejorar con la abstinencia”.
Sin embargo, el consumo crónico y excesivo de alcohol, así como el consumo episódico intenso (atracones), parecen contribuir a generar cambios cerebrales a largo plazo que se asocian con un mayor riesgo de demencia. “La evidencia disponible no sugiere que dejar de beber restablezca por completo el riesgo de demencia de una persona al nivel de alguien que nunca ha consumido alcohol en exceso”, señaló Carr.
El alcohol y el corazón
Pero un momento: ¿acaso no es el alcohol beneficioso para el corazón, la principal causa de muerte tanto en hombres como en mujeres en todo el mundo? Es cierto que numerosos estudios han hallado una relación en forma de “J” entre el consumo de alcohol y la salud cardíaca, un vínculo que la ciencia actual aún no ha logrado refutar.
Según dichos estudios, el consumo de alcohol de bajo a moderado —representado por la parte más baja y plana de la “J”— ejerce un impacto ligeramente positivo en la salud del corazón. No obstante, a medida que aumenta el número de bebidas consumidas a diario, también se incrementa el riesgo, siguiendo la trayectoria ascendente de la línea recta que conforma la “J”.
“El riesgo no solo aumenta a la par del consumo, sino que, además, los aparentes efectos protectores sobre el corazón prácticamente desaparecen en aquellas personas que incurren en un consumo de alcohol excesivo y episódico”, explicó Carr.
Un estudio realizado en 2023 reveló que el consumo de tan solo una bebida alcohólica al día elevaba la presión arterial sistólica, es decir, la cifra superior en una medición de la presión sanguínea. Según un estudio publicado en febrero de 2025, consumir alcohol cuando se padece hipertensión arterial casi duplica el riesgo de sufrir daños hepáticos graves; asimismo, beber alcohol cuando se presenta obesidad abdominal o diabetes triplica con creces dicho riesgo.
“Creo que ya hay pruebas suficientes de que el consumo de alcohol puede ser más perjudicial que beneficioso”, afirmó Freeman, cardiólogo especializado en la prevención de enfermedades cardíacas. “La mayoría de las sociedades profesionales aconsejan a la gente que no empiece a beber, que beba lo menos posible si lo hace, o que deje de beber por completo”.
Fuente: Sandee LaMotte, CNN, CNN en Español
