Bajo el lema “Superar las interrupciones, transformar la respuesta al sida”, la edición 2025 llama a reforzar la cooperación internacional para poner fin al VIH antes de 2030.
Cada 1 de diciembre, el mundo conmemora el Día Mundial del Sida, una fecha que desde 1988 une a gobiernos, comunidades, organizaciones y ciudadanos en torno a una causa común: apoyar a las personas que viven con el VIH y recordar a quienes han fallecido por enfermedades relacionadas con el sida. Este año, el lema “Superar las interrupciones, transformar la respuesta al sida” cobra un significado especialmente urgente.
En 2025, la respuesta mundial al VIH enfrenta uno de sus mayores desafíos en décadas. Los recortes en la financiación internacional han puesto en riesgo los avances logrados con tanto esfuerzo, amenazando con revertir el progreso alcanzado en prevención, tratamiento y educación. La crisis no solo es económica, sino también social y política. El aumento de leyes punitivas que criminalizan la orientación sexual, la identidad de género o el consumo de drogas está limitando el acceso a los servicios de salud y amplificando la vulnerabilidad de las poblaciones más afectadas.
Solidaridad internacional sostenida
A pesar de las interrupciones, la comunidad global demuestra resiliencia. Organizaciones civiles, profesionales de la salud y líderes comunitarios siguen redoblando esfuerzos para proteger los logros alcanzados y mantener viva la esperanza de cumplir el objetivo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): poner fin al sida como amenaza para la salud pública antes de 2030.
Sin embargo, los expertos advierten que no basta con mantener el rumbo actual. Se necesita una transformación profunda en la manera en que el mundo aborda la epidemia. La respuesta al VIH debe ir más allá de los recursos nacionales y apostar por una solidaridad internacional sostenida, capaz de cerrar la brecha de financiación, eliminar las barreras legales y sociales, y garantizar que ninguna persona quede atrás.
“En tiempos de crisis, el mundo debe elegir la transformación en lugar de la retirada”, expresó Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA. “Juntos, todavía podemos poner fin al sida como amenaza para la salud pública para 2030, si actuamos con urgencia, unidad y un compromiso inquebrantable”.
Millones de personas viven con el VIH
Este llamado al liderazgo político y a la cooperación internacional es también un recordatorio de que el sida no ha terminado. Aún existen millones de personas viviendo con el VIH que enfrentan estigmas, discriminación y barreras para acceder a tratamientos adecuados. Las mujeres, las niñas y las personas LGBTQ+ continúan siendo desproporcionadamente afectadas, lo que refleja la necesidad de políticas centradas en la equidad y los derechos humanos.
El Día Mundial del Sida también representa una oportunidad para que las comunidades se movilicen, compartan sus historias y promuevan la concienciación. En todos los rincones del planeta, se realizan actividades de sensibilización, campañas educativas y eventos conmemorativos. El lazo rojo, símbolo universal de solidaridad, sigue recordando que la lucha continúa y que cada gesto de apoyo contribuye a derribar el estigma.
Desde su creación, esta jornada ha demostrado que la protección de los derechos humanos es el camino más eficaz para combatir el VIH. Cuando se promueve la igualdad y se garantiza el acceso a la atención médica sin discriminación, los resultados son tangibles: menos infecciones, más diagnósticos tempranos y una mayor calidad de vida para quienes conviven con el virus.
Mensaje claro
Hoy, más que nunca, el mensaje es claro: el sendero que conduce al fin del sida es un camino de derechos. Si los gobiernos, las instituciones y las comunidades actúan con determinación y empatía, el mundo aún puede cumplir su promesa de poner fin al sida para 2030.
En este 1 de diciembre de 2025, la invitación es a superar las interrupciones y transformar la respuesta al sida con liderazgo, solidaridad y justicia social. Porque solo con un compromiso global centrado en la dignidad y los derechos de todas las personas podremos construir un futuro libre de VIH.
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