Miami, FL, 16 de febrero de 2026. ¿Es posible ralentizar la enfermedad de Alzheimer mediante estímulos de luz parpadeante y sonido? Esta es la pregunta que impulsa el trabajo de la investigadora Annabelle Singer, profesora asociada e ingeniera biomédica en el Georgia Institute of Technology y en la Emory University.
Desde su laboratorio en Atlanta, Singer estudia cómo funcionan los patrones de actividad neuronal en el cerebro y qué es lo que falla cuando una persona desarrolla Alzheimer. Su enfoque representa una perspectiva innovadora frente a los tratamientos tradicionales, que históricamente se han centrado principalmente en medicamentos dirigidos a proteínas como la beta amiloide o la tau.
“Estamos adoptando un enfoque realmente diferente frente al Alzheimer”, explica Singer. “Hemos identificado cómo la actividad neuronal esencial para la memoria falla en esta enfermedad. Luego utilizamos esa información para desarrollar estimulación cerebral que podría mejorar la salud del cerebro”.
El papel de las ondas cerebrales en la memoria
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta la memoria, el pensamiento y el comportamiento. A medida que avanza, las conexiones entre neuronas se deterioran, lo que dificulta la comunicación dentro del cerebro.
Singer y su equipo se centran particularmente en las llamadas “ondas gamma”, un tipo de actividad eléctrica cerebral que oscila alrededor de los 40 hertzios y que se asocia con procesos de memoria y aprendizaje. Investigaciones previas han mostrado que en pacientes con Alzheimer estas ondas se reducen o se desorganizan.
La hipótesis es que, al estimular el cerebro con luz y sonido que parpadean a una frecuencia específica —en este caso, 40 veces por segundo— se podrían restaurar o reforzar estos patrones de actividad neuronal. En estudios con modelos animales, este tipo de estimulación ha demostrado efectos prometedores, incluyendo la reducción de acumulación de proteínas asociadas con la enfermedad.
Una alternativa no invasiva
Uno de los aspectos más atractivos de esta investigación es que se trata de una estrategia potencialmente no invasiva. En lugar de intervenciones quirúrgicas o medicamentos con efectos secundarios significativos, el uso de estímulos sensoriales controlados podría convertirse en una herramienta complementaria para proteger la función cognitiva.
Sin embargo, es importante destacar que, aunque los resultados iniciales son alentadores, esta línea de investigación aún se encuentra en desarrollo. Los estudios en humanos son fundamentales para determinar si la estimulación con luz y sonido puede traducirse en beneficios clínicos reales y sostenidos.
Implicaciones para el futuro
El Alzheimer afecta a millones de personas en Estados Unidos y el mundo, incluyendo una población creciente en Florida, donde el envejecimiento demográfico es una realidad. Cualquier avance que permita retrasar el deterioro cognitivo tendría un impacto significativo tanto en la calidad de vida de los pacientes como en el sistema de salud.
El trabajo de Annabelle Singer refleja una tendencia creciente en la medicina moderna: comprender el cerebro no solo a nivel molecular, sino también a nivel funcional y eléctrico. Si esta estrategia demuestra ser efectiva, podría abrir la puerta a nuevas terapias basadas en la modulación de la actividad cerebral, cambiando la forma en que se aborda el Alzheimer.
Aunque todavía no existe una cura definitiva, investigaciones como esta ofrecen una señal de esperanza. La ciencia continúa explorando caminos innovadores para entender y eventualmente frenar una de las enfermedades más desafiantes de nuestro tiempo.
