Miami, FL, miércoles 16 de septiembre de 2026.
“Todos lloramos en la primera semana cuando regresó y botó la muleta, con la que estuvo caminando como cinco años y de la que quería deshacerse”, dijo el cirujano.
Durante años, Elienay Sabina dependió de una muleta y, en algunos momentos, hasta de una silla de ruedas para desplazarse. La adolescente cubana había pasado por varias cirugías de cadera en la isla, pero continuaba con serias dificultades para caminar.
“Caminaba con mucha dificultad, con una muleta. No podía montar bicicleta, ni caminar largos tramos”, recordó Elienay. Su madre, Bárbara Moreno, asegura que la limitación llegó a ser aún mayor. “Ella venía de años en Cuba sin poder caminar… totalmente en una cama”, relató.
El problema que afectaba a la joven se originó con una epifisiólisis femoral superior, una condición de la cadera que ocurre principalmente durante la adolescencia y en la que la cabeza del fémur se desplaza a nivel de la placa de crecimiento.
La enfermedad puede provocar dolor, cojera y limitación de la movilidad. En casos graves o cuando existe una deformidad residual, también puede alterar progresivamente la articulación y favorecer el desarrollo de artrosis a una edad temprana.
Después de varias intervenciones y años buscando una solución, Elienay llegó al sur de Florida.
“Yo pasé por muchos médicos que me decían que no se podía, que era una cirugía que sí existía, pero le cogían miedo”, contó la adolescente.
Finalmente fue referida al doctor Thomas Uset-Ward, cirujano ortopédico de Nicklaus Children’s Hospital. El especialista enfrentaba un caso particularmente complejo: además del daño de la articulación, las cirugías anteriores habían dejado alteraciones anatómicas y una diferencia en la longitud de las piernas.
Para preparar el reemplazo de cadera, el equipo recurrió a una herramienta poco habitual en el quirófano: realidad mixta.
Anatomía en tres dimensiones
La tecnología permite crear representaciones digitales tridimensionales de la anatomía del paciente y utilizarlas para planificar el procedimiento. Durante la cirugía, el especialista puede visualizar información digital mediante dispositivos especiales mientras continúa observando el campo quirúrgico.
“Nos permite hacer toda la planificación de la cirugía antes y ver, por unos lentes especiales, la realidad, pero aumentada”, explicó Uset-Ward.
A diferencia de la realidad virtual, que puede situar al usuario dentro de un entorno completamente digital, la realidad mixta integra elementos virtuales con el entorno físico. En cirugía, esto puede proporcionar al especialista una referencia adicional para comprender relaciones anatómicas complejas y ejecutar el plan previamente establecido.
En el caso de Elienay, esa planificación resultaba especialmente importante por las alteraciones producidas tanto por su enfermedad como por las operaciones anteriores.
El cirujano también debía determinar cuánto podía corregirse la diferencia en la longitud de sus extremidades sin comprometer estructuras como músculos, tejidos blandos y nervios.
“Quería alargarlos, pero hay un límite de los tejidos blandos y los nervios que no se pueden estirar mucho. Faltaban hueso y músculos”, explicó el especialista.
11 horas de cirugía
Para Elienay y su madre, la tecnología era algo completamente desconocido.
“Al yo ver lo que tenía en digital, en inteligencia… yo decía: ‘Bueno, vamos a ver qué pasa’”, recordó la joven.
La operación se extendió durante aproximadamente 11 horas, según su madre.
“Tuvo muchos contras, pero él fue solucionándolos en el salón, pero ya estaba preparado para eso. Llevaba todo en orden”, dijo Moreno.
La realidad mixta no realizó
la cirugía ni reemplazó el criterio del especialista. Funcionó como una herramienta adicional para la planificación y visualización de la anatomía en un procedimiento particularmente complejo.
Tras la operación comenzó otra etapa fundamental: la rehabilitación. “Yo empecé a caminar con una terapeuta. Ella me ayudó y todo estuvo bien”, relató Elienay.
El momento más emotivo llegaría días después. “Todos lloramos en la primera semana cuando regresó y botó la muleta, con la que estuvo caminando como cinco años y que quería deshacerse de ella”, recordó Uset-Ward.
Para su madre, el resultado cambió la vida de la familia. “Primero Dios y después el médico para nosotros”, expresó.
Volver a caminar sin muletas
Después de años de limitaciones, varias operaciones y una compleja reconstrucción de cadera, Elienay pudo dejar atrás la muleta que la había acompañado durante aproximadamente cinco años.
Ahora puede caminar por sí sola, montar bicicleta e incluso manejar un automóvil, actividades que antes estaban fuera de su alcance.
Su caso también muestra una de las aplicaciones que comienzan a ganar espacio para las tecnologías de visualización tridimensional en medicina: ayudar a los especialistas a estudiar anatomías complejas antes de entrar al quirófano y disponer de esa información durante el procedimiento.
Pero detrás de las imágenes tridimensionales, los dispositivos y la planificación digital, para Elienay el avance se mide de una manera mucho más sencilla: volver a caminar por sí sola.
Fuente: Harold Santana, TELEMUNDO 51
