Miami, FL. viernes 11 de septiembre de 2026.
Un cuarto de siglo después de los atentados, los efectos sobre la salud de quienes participaron en las labores de emergencia y recuperación continúan. En South Florida, antiguos primeros respondedores recuerdan una experiencia que dejó consecuencias físicas y emocionales.
A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las consecuencias sobre la salud de quienes participaron en las labores de emergencia, rescate, investigación y recuperación continúan siendo una preocupación. En South Florida, algunos de los primeros respondedores que fueron enviados a Nueva York y otros puntos vinculados con los ataques recuerdan una experiencia que, para muchos, no terminó cuando finalizaron las operaciones.
La conmemoración de este viernes vuelve a poner el foco no solo en las casi 3.000 personas que murieron durante los atentados, sino también en quienes estuvieron expuestos posteriormente a condiciones extremas y sustancias tóxicas durante las labores de respuesta. Reuters señala que, 25 años después, los problemas de salud entre los primeros respondedores continúan aumentando, incluyendo diagnósticos de cáncer y otras enfermedades asociadas con la exposición en el lugar de la tragedia.
En South Florida, la experiencia tiene además un componente local. CBS Miami reportó esta semana los testimonios de primeros respondedores de la región que fueron enviados a Nueva York y Washington después de los ataques. Entre ellos está el capitán retirado del Miami-Dade Fire Rescue Gabe Nemeth, integrante de Florida Task Force 1, quien fue desplegado en Ground Zero poco después de los atentados.
UNA EXPERIENCIA QUE NO TERMINÓ AL REGRESAR
El impacto psicológico de una emergencia de estas dimensiones puede prolongarse mucho después de que termina la intervención. La exposición a escenas traumáticas, la pérdida de compañeros, la incertidumbre y la presión de trabajar durante largos periodos en condiciones extremas pueden dejar consecuencias emocionales que aparecen inmediatamente o incluso años después.
En el caso de los agentes del FBI, la propia institución ha documentado el impacto sanitario a largo plazo. Aproximadamente 4.000 empleados del FBI participaron en las respuestas relacionadas con el 11-S y alrededor de 1.000 empleados actuales y retirados estaban registrados o en proceso de registrarse en el World Trade Center Health Program en 2021. Para ese momento, el FBI había documentado la muerte de 17 agentes y profesionales por enfermedades relacionadas con sus labores en los lugares de respuesta y recuperación.
El caso de Scott McDonough refleja esa dimensión. El entonces agente participó durante semanas en operaciones aéreas sobre el vertedero de Fresh Kills y la zona del World Trade Center. Años después fue diagnosticado con cáncer y posteriormente utilizó esa experiencia para desarrollar su trabajo de medicina operacional en la oficina del FBI en Miami.
LA SALUD MENTAL TAMBIÉN FORMA PARTE DE LA RESPUESTA
La atención a los primeros respondedores no puede limitarse a las lesiones físicas o enfermedades diagnosticadas. La salud mental también forma parte de las consecuencias de una exposición prolongada a acontecimientos traumáticos.
Depresión, ansiedad, estrés postraumático, alteraciones del sueño y dificultades para procesar el duelo pueden afectar a quienes estuvieron expuestos directamente a una tragedia de esta magnitud. Además, los aniversarios pueden reactivar recuerdos y emociones asociados con el acontecimiento.
Por eso, 25 años después, la conmemoración del 11-S también funciona como un recordatorio sobre la necesidad de mantener los programas de seguimiento médico y psicológico para quienes participaron en las labores de respuesta.
Para una nueva generación que no vivió los atentados, el 11 de septiembre pertenece cada vez más a la historia. Para quienes estuvieron allí, sin embargo, sus consecuencias pueden continuar formando parte de su vida cotidiana. El aniversario permite recordar a las víctimas, pero también reconocer que algunas heridas de una emergencia pueden permanecer mucho después de que las cámaras se hayan retirado.
